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La grandeza de aprender a tropezar

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¿Quién de nosotros no tropezó aprendiendo a caminar? Claro que todos lo hicimos, caímos una y más veces. Sin embargo, seguimos intentándolo porque queríamos ser libres, movernos con autonomía, ir a donde quisiéramos, sin depender de ser cargados en los brazos de otra persona. Era una necesidad. De igual manera, triunfar debe ser una necesidad. El éxito no es un estado opcional que podemos ignorar, es parte vital del ser humano. Para avanzar en la vida y ser verdaderamente libres, se hace necesario convertirnos en triunfadores.

¿Cuántas veces se puede tropezar buscando la cumbre? No sé cuántas, pero te aseguro que serán varias y tal vez muchas. Si una persona pretende subir la montaña y llegar ileso a la cúspide, sin resbalar ni golpearse, entonces es mejor que se quede en la comodidad de su lecho. Tropezar es necesario, tocar la tierra nos permite recordar que somos humanos. ¡Y que gran bendición es el poder cometer errores! Pues así estaremos seguros de que no somos máquinas; los traspiés son nuestros mejores aliados en el proceso de aprendizaje, nos permiten ver qué debemos corregir para alcanzar la excelencia.

¿Por qué no le gusta al hombre tropezar, equivocarse, caer? Por la experiencia y opinión de quienes nos rodean. Muchos piensan que sólo es digno de ser admirado el hombre que no se equivoca, pues es la imagen tergiversada del hombre ideal que nos han vendido las empresas cinematográficas a través de los “súper héroes”. Pero este concepto está muy lejos de la realidad, quienes son dignos de admiración y respeto son aquellos hombres y mujeres que luego de haber caído, se han levantado, han sacudido el polvo de sus vestidos y han continuado adelante. Para ellos el “fracaso” no es más que una actitud mental, un buen condimento para sazonar el sabor de la victoria. Yo no creo en el fracaso, creo que eventualmente se recibe el resultado no deseado.

Si no se tiene la actitud correcta, al tropezar se crearán pensamientos o paradigmas que inevitablemente nos estacarán. Por ejemplo, una persona que abre una tienda y no logra su meta, si asume la actitud de un fracasado preferirá buscar un ejemplo y subordinarse a las órdenes de un jefe, pues se anclará con el pensamiento: “Abrir un negocio es buscarse problema, perder dinero, etc.” Igual pudo ocurrir cuando recién dábamos nuestros primeros pasos, al caer pudimos decir: “Esto de caminar es muy difícil, uno se golpea y duele mucho” y mantenemos siempre en los brazos de nuestra madre.

Pero aunque la situación de ser personas dependientes parece muy cómoda, de niños no nos dejamos vencer por resbalones y golpes, tenemos el suficiente valor para intentarlo tantas veces como sea necesario hasta lograr la meta propuesta. Los niños son poco conformistas, nunca se rinden. Por eso Jesús dijo: “Sed como niños…” En mi libro de poesía, en alguna de sus páginas digo: “Nacemos en un perfecto estado de perfección y buscando ser perfectos nos hacemos tontos…”

La primera vez que Alejandro, mi hijo menor, se lanzó a la piscina, se golpeó muy fuerte y trago mucha agua. Dos meses después estaba nuevamente metido en ella y otra vez tomando agua. No sé cuántas veces se golpeó y recibió las burlas de su hermano mayor, pero él siguió intentándolo, dos meses después era un buen nadador. No necesitó de un maestro, su automotivación fue suficiente. ¿Qué lo impulsó a aprender? Nos habíamos mudado a una casa con piscina y le era necesario nadar para disfrutar sin la incomodidad que producen los flotadores salvavidas.

Para ser libres económicamente y tener felicidad integral es necesario triunfar, alcanzar la cumbre, borrar los pensamientos de fracaso instalados luego de una mala experiencia: divorcios, embargos, enfermedades, para seguir avanzando, y cuando se haya recorrido un kilómetro, seguir caminando, pues sólo se detienen quienes deciden morir.
¿Cuántas veces tropezaste antes de caminar firmemente? Ni siquiera lo recuerdas, porque lo más importante era caminar, alcanzar la meta. Toda tu energía estaba concentrada en lograr tu objetivo.

Las personas suelen pasar la mayor parte de su vida pensando en los malos momentos vividos, en las malas experiencias, y todo aquellos en lo que meditamos tiende a crecer, a multiplicarse. Al concentrarnos en una debilidad o limitación esta aumentará en proporción a la energía que se le dedique. ¿Entonces por qué no enfocarnos en pensar en las grandes cosas que podemos lograr? ¿Has tropezado? Agradece a Dios por le oportunidad que te da crecer, de aprender. Levántate que una victoria te espera. ¡Naciste para ser feliz, no te conformes con menos!

Carlos Méndez Z
Venezuela

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